Maxi Pendientes de la mano de la firma española Papiroga

Es una firma realmente reciente que cuenta con solo siete años en el mercado, pero que se ha dado a la tarea de revolucionar a través de una oleada de joyería ‘minimal’. La firma solo busca jugar con nuestro estado de ánimo por medio del color y unas siluetas bastante apetecibles.

Cada dia nos sentimos distintos, nos invade un torbellino de emociones distintas a las que nos acompañaron ayer. Tomando como punto de partida esta idea, Papiroga, la firma española de pendientes XL llega al mercado con la única finalidad de alegrarnos la vida, así de sencillo. Día a día su diseñadora se ha dedicado a juntar diversos colores a fin de dar vida a pendientes que puedan hacernos sentir mejor. “Nacimos con la inquietud de cambiar el ánimo de los que nos eligieron, de mejorar su día. Porque, para nosotros, se trata de que la moda te haga sentir bien, no de que sea un vehículo para frustrarte aún más la vida”, señala Leire Urzaiz, quien es una de las creadoras de la marca.

Papiroga (aunque se escribe siempre en letras minúscula) es un proyecto en común de tres personas que además trabajaban bastante de cerca de la industria de la moda, por lo que fueron más allá de lo que quizás realmente querían. Detrás de la firma, Leire, encontramos a Estefanía de Oliveira y a Daniel Coma-Cros, como las tres cabezas pensantes que le dieron pies y alas a este proyecto del que ahora, y luego de mucho trabajo, están viviendo. En sus inicios, como cualquier emprendedor, no fue algo sencillo, pero estos decidieron apostar por los maxi pendientes en un momento donde las tendencias solo conducían hacia la reducción de las joyas a la mínima expresión, con tamaños pequeños y piezas simplificadas. No se amilanaron, y decidieron insistir y apostar en ello, siendo la razón por la que se puede afirmar que es pionera entre las marcas de joyería XL en nuestro país.

Hecho a mano

Inicialmente se producían en India, pero a medida que los procesos se incrementaban, se hizo algo complicado, queriendo estar más cerca y con ello poder cuidar los detalles, ya que su principal mercado es Japón y sus compradores son bastante exigentes, asi que trabajaban para ellos, aunque con el paso del tiempo decidieron trasladarse a Madrid. Ahora su trabajo es hecho mano a mano con una fábrica ubicada en el sur de la capital donde desarrollan las placas de plexiglás para que sean bastante ligeros, y en una extensa gama de colores que son decididos en función de cada colección. Estos son elaborados con las siluetas que han sido previamente diseñados en un ordenador para luego ser cortadas con láser. Desde ese punto, el montaje de cada uno de los pendientes se hace de forma manual.

El estudio se encuentra ubicado en la calle Felipe IV de Madrid. Este se trata de un barrio que es inmejorable y por si fuera poco, más abajo se puede encontrar el Museo del Prado; pero si decidimos dar unos pasos más arriba, entonces podemos encontrar el mastodóntico parque del Retiro y su calle, entre medias, que acoge oleadas de personas, sobre todo turistas que hacen tal recorrido cada día por Madrid.